Luisa Morales
Blog de Luisa Morales autora de libros y relatos de ficción.
jueves, 17 de enero de 2019
domingo, 16 de julio de 2017
Novela
LOS SIETE CIELOS
no todo es perfecto ni eterno
Tras su
muerte, Luis llega a un Cielo donde se encuentra una gran piscina que acumula
las energías de las almas a él destinadas. Poco a poco va falleciendo el resto
de miembros de su familia, pero sorprendentemente, son asignados a otros
Cielos. Cada uno deberá explorar y vivir en el Cielo que le ha correspondido.
Cuando
descubren que se está cometiendo una eliminación masiva de almas bajo la
dirección de dos personas, El Creador y el Ser Supremo, un grupo de resistencia
trata de detener el genocidio intentando desvelar las identidades de estos dos
personajes.
Cuentan
con la ayuda de una mujer en la Tierra, que ha conocido a un hombre que puede
tener mucha información sobre lo que está sucediendo.
Escrita por:
Luisa Morales y
Luis Ricardo Suárez
jueves, 8 de septiembre de 2016
CARTAS DE AMOR Y SEXO
Novela

SINOPSIS
Arena se tropieza con un desafortunado conferenciante, Andreu, que está exponiendo en público su particular visión de la sexualidad. El espíritu libre de ésta se rebela y le impulsa a contactar con aquel hombre para mostrarle su indignación.
Ella, de mentalidad independiente, muestra el lado abierto y liberal de la sexualidad, en duro contraste con Andreu, hombre de corte machista que defiende el concepto fálico de la misma.
Otros dos hombres aparecen en la vida de Arena.
Javier, al que la timidez le ha impedido ser más protagonista en la vida, cuando conoce a Arena inicia una relación apasionada con ella.
Andrés, hombre de mentalidad tradicional para el que la sexualidad sólo es aceptable dentro del amor permitido. La aparición accidental de Arena en su vida hace que se despierte en él la necesidad de sentir que la vida también corre por sus venas.
El deseo inconfesable, el sexo prohibido y el amor inesperado se confunden y confunden a tres hombres enganchados a una mujer excepcional a través de un duelo de e-mails.
AUTORES
Luis Ricardo Suárez y Luisa Morales
domingo, 4 de septiembre de 2016
CARTAS DE AMOR Y SEXO. ¿Por qué la escribimos?
Como ya sabéis, en estos momentos me encuetro inmersa en la aventura de dar a conocer la novela "Cartas de amor y sexo" que hemos escrito Luis Ricardo Suárez y yo conjuntamente.
Si quieres saber por qué la hemos escrito,
quiénes somos los autores,
qué dicen los personajes...
entra en nuestro blog:
http://luisricardosuarezyluisamorales.blogspot.com.es/
Si quieres saber por qué la hemos escrito,
quiénes somos los autores,
qué dicen los personajes...
entra en nuestro blog:
http://luisricardosuarezyluisamorales.blogspot.com.es/
miércoles, 31 de agosto de 2016
EL MIRADOR
(relato erótico)
Desde los grandes cristales de su buhardilla, Manuel veía pasar
cada mañana a las ocho menos diez una mujer esbelta que, abrazada a una
carpeta, caminaba con paso ligero desde la parada del autobús hasta un portal
dos calles más abajo. Esa era la hora del café con madalenas para Manuel. Después
volvía con sus pinceles y sus óleos para plasmar en lienzos un caos de
sensaciones a través de infinitas tonalidades de colores que mezclaba
diluyéndolos en un aceite de linaza que impregnaba con su olor toda la
buhardilla y lo que en ella se encontraba.
Al atardecer, terminaba su jornada con un largo paseo por el
barrio. Era entonces cuando se cruzaba con la mujer de las ocho menos diez.
Tantos días, semanas y meses con el mismo ritual. El cruce de dos personas sin
intercambiar miradas, sin ni siquiera insinuar que percibían su presencia. Y,
sin embargo, ella reconocía bien aquel olor característico a aceite de pintor.
Aquella tarde la mujer cambió su rutina y fue paseando hacia un
parque desde cuyo mirador se divisaba toda la ciudad. El espectáculo era aún
más hermoso con la puesta de sol, en la que el naranja fuerte de los últimos
rayos tintaba el cielo con grandes trazos violáceos y anaranjados.
Apoyada sobre la barandilla del mirador, envuelta en una mantilla
azul, empezó a notar la primera brisa de la noche, mezclada con un olor
familiar a aceite. Sintió el calor de un cuerpo detrás de ella. Hubo presión de
pecho contra su espalda, de muslos contra sus piernas, y de sexo contra sus
nalgas. Su corazón empezó a bombear con fuerza. Una mano llegó hasta su sexo
provocando una sinfonía de dedos y convulsiones. Chorros de orgasmo mojaron la
mano y sus muslos.
Después, un gran silencio. Y de nuevo la brisa y frío en la
espalda.
Una anilla rota en el suelo regalaba papeles de la carpeta al
viento.
Luisa Morales
19 de marzo de 2012
sábado, 27 de agosto de 2016
EL PARQUE DE BOMBEROS
Cuento erótico
A sus 35 años, Leonor había desarrollado una brillante carrera como directora de Marketing en una empresa nacional. Las oficinas estaban en el entorno de la Vaguada, y solía aparcar su coche en la calle Monforte de Lemos, unas veces más abajo, otras más arriba, dependiendo de su hora de llegada, pero casi siempre pasado el parque de bomberos situado en aquella calle. Cuando salía por la tarde de vuelta a casa, le costaba recordar a qué altura lo había dejado, por lo que iba escudriñando la larga fila de coches aparcados hasta encontrar el suyo. No le gustaba pasar delante del portón de los bomberos, siempre estaba abierto, apenas había trasiego de camiones pero nunca faltaba un grupo de tres o cuatro bomberos sentados a su puerta, seguramente de guardia, entretenidos viendo pasar la gente. Nunca le dijeron nada, jamás captó una mirada robada, y sin embargo, se sentía incómodamente observada.
Aquel día Leonor había participado en una recepción para grandes cuentas, vestía traje de chaqueta con cinturón ancho y falda corta, rematado con zapatos negros de tacón de aguja. El conjunto resaltaba su altura y esbeltez, destacando sus piernas de cigüeña bien contorneadas por el ejercicio. Al pasar frente al parque de bomberos escuchó, ya a sus espaldas, una exclamación a modo de suspiro “¡Qué piernas!”. Aquello no parecía un piropo, ni siquiera un cumplido, sino la confesión de alguien a quien el asombro había traicionado poniendo voz donde no habría querido. Las palabras resonaron en su cabeza haciéndole un nudo en el estómago, desde donde subió calor hasta quemarle las mejillas. La turbación y los nervios que se desataron hicieron que diera un mal paso, se le torciera el tobillo y perdiera el equilibrio, que intentó recuperar abrazando una farola de esas que llevan incorporada una papelera del ayuntamiento de Madrid.
La joven había quedado tal que alcayata aferrada a la farola, culo en pompa, una pierna tiesa y la otra doblada sin apenas apoyar el pie en el suelo.
- ¿Estás bien?
Uno de los bomberos estaba siendo testigo en primera fila de su humillante situación.
- ¿Te puedes mover?
No podría decir si era por el fuerte dolor del tobillo o el sentimiento de ridículo que le invadía, pero no, no se podía mover, ni hablar, tenía inmóviles incluso las pestañas.
- Déjame a mí.
Sin ni siquiera haber recibido su consentimiento, aquel muchacho vestido de azul y gruesas botas negras la cogió en brazos cual si fueran a cruzar el umbral nupcial, dirigiéndose hacia el temido portón. ¡Ya no serían cuatro sus observadores de ese día, sino el parque de bomberos al completo! Con todo el cuerpo en tensión, apretó la cara contra el torso de su salvador cerrando con fuerza los ojos como si el no ver le ayudara a no estar allí. Sintió su olor, la fuerza con la que la agarraba, el movimiento de sus pasos que la mecía sin pretenderlo. ¡Con aquella falda tan corta se le debían estar viendo las bragas! Se retorció en un intento de movimiento púdico que la aprisionó aún más contra él. Ahora sentía el latido de su corazón en el vientre. ¿O era un grito desesperado de su vientre para que él abriera su corazón? Dos lágrimas asomaron al notar que había humedad en su zona prohibida. ¡Era su sexo el que estaba latiendo! Sentía una dureza rozándola con el vaivén de los pasos de aquel improvisado viaje hacia no sabía dónde. Su cerebro recibió una orden silenciosa que relajó la tensión de su cuerpo, convirtiendo a su salvador en anhelado amante. Siguió mojándose mientras se abría más y más, esperando que aquel miembro al otro lado de la tela azul rompiera fronteras y la salvara de su verdadero cautiverio. Sus pezones luchaban a través de la blusa de seda, restregándose contra la abotonadura del uniforme. Se había encorvado inconscientemente buscando tacto, y ahora era ella la que rozaba en un grito mudo de excitación ¡Dios, que no se acabe nunca este viaje!
Madrid, 19 de mayo de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

